La boda tuvo lugar en Villa Amazonas, un espacio mágico y lleno de personalidad donde naturaleza, arquitectura y sensibilidad estética convivían en perfecta armonía. Desde el inicio, el objetivo fue diseñar una celebración bohemia, artística y emocional, alejada de lo convencional, pero profundamente conectada con la esencia de los novios.
Cada elemento del diseño fue concebido desde el storytelling y el simbolismo. Los centros de mesa, protagonizados por cactus y composiciones orgánicas, representaban el recorrido vital de la pareja: las piedras como símbolo de estabilidad, las espinas como las dificultades que forman parte del camino y la flor del cactus como representación de la belleza que nace incluso en los entornos más áridos. Una narrativa visual llena de intención y sensibilidad.
La estética de la boda mezclaba influencias contemporáneas, esencia Generation Z, referencias orgánicas y ciertos guiños al equilibrio y la armonía del estilo feng shui japonés, sin perder nunca la conexión con sus raíces marroquíes. Los outfits, la ambientación y el movimiento de cada espacio reflejaban una pareja libre, creativa y profundamente consciente de quiénes son y de dónde vienen.
También fue una boda marcada por la distancia y el viaje emocional que vivieron durante su relación. Una celebración que simbolizaba el encuentro definitivo entre dos almas que, pese a los kilómetros, las ciudades y las etapas de vida, siempre encontraron el camino para volver el uno al otro.
Una boda llena de simbolismo, diseño con alma y una identidad estética profundamente auténtica.