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[vc_row css_animation="" row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern"][vc_column][vc_column_text] Cuando el amor une culturas: cómo crear una boda que celebre dos mundos sin perder la esencia [/vc_column_text][vc_empty_space height="20px"][vc_column_text]Hay historias de amor que nacen en un mismo idioma, bajo una misma tradición. Y hay otras que cruzan fronteras, idiomas, costumbres y formas de ver el mundo. Historias donde dos personas, de orígenes distintos, se eligen con conciencia, con ternura y con coraje. Cuando esas historias llegan hasta mí, como wedding planner, sé que estoy ante algo especial[/vc_column_text][vc_empty_space][vc_single_image image="17136" img_size="800x600" alignment="center" qode_css_animation=""][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row css_animation="" row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern"][vc_column][vc_column_text]Una boda multicultural no es solo una celebración, es un puente entre dos mundos. Y construirlo con belleza, respeto y equilibrio es un arte que va mucho más allá de la decoración o el protocolo. Diseñar una boda donde conviven dos culturas no significa dividir el día en partes iguales o alternar símbolos por compromiso. Significa buscar la armonía, encontrar la narrativa común, crear una experiencia que no borre las diferencias, sino que las honre. He acompañado a parejas libanesas y francesas, iraquíes y catalanas, jordanas y británicas. En cada caso, el reto no era encajar todo, sino descubrir lo que realmente importaba para cada uno: ¿Qué parte de su cultura querían conservar? ¿Qué deseaban compartir con la familia del otro? ¿Qué podía transformarse para representar lo nuevo que estaban construyendo juntos? A veces, era mantener la entrada tradicional con zaffa, pero fusionada con una ceremonia civil en otro idioma. O servir un menú con sabores de ambas tierras, presentado de forma contemporánea. O tener dos momentos de música: uno íntimo, en honor a la familia; otro festivo, para los amigos. O simplemente encontrar una estética que no reprodujera lo típico de cada cultura, sino que creara un lenguaje visual nuevo, común, elegante y profundo. Las bodas multiculturales no deben sentirse forzadas. No deben parecer una negociación ni un collage. Deben ser el reflejo de una elección de vida: “Te elijo a ti. Elijo tu historia, tu origen, tu familia, y quiero que todo eso conviva con lo mío, sin que ninguno de los dos tenga que desaparecer.” Esa es la esencia. Y cuando se trabaja desde ahí —desde la verdad, desde el respeto, desde el amor—, la boda se convierte en algo mucho más poderoso que un evento: se convierte en una declaración. De identidad. De convivencia. De futuro compartido. Para lograrlo, hace falta sensibilidad, sí. Pero también estructura. Una visión clara. Un equipo que entienda los códigos de ambas culturas y sepa moverse con fluidez entre ellas. Hace falta alguien que no solo organice, sino que medie con elegancia, que sepa cuándo contener, cuándo proponer, cuándo dar un paso atrás y cuándo tomar el control. Mi trabajo, en esas bodas, no es ser solo la que pone orden. Es ser intérprete. Diseñadora. Creadora de un tercer espacio donde todo encaja. Y cuando, al final del día, veo a dos familias distintas compartiendo la misma mesa, bailando con la misma música, emocionándose por la misma historia… entonces sé que todo ha tenido sentido. Si tu historia de amor une dos culturas, no tienes que elegir entre una y otra....

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